Los límites de la Salud Sexual

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El 14 de febrero, no sé si de una manera irónica, es el día europeo de la salud sexual. Es un día en el que normalmente se saca todo el arsenal de citas de la OMS sobre sexualidad y salud, llegando a la archiconocida definición de salud sexual: “La salud sexual es un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia.”

En mis talleres y charlas, sobre todo aquellos centrados en la construcción del deseo y la vinculación con la salud sexual de mujeres y personas LGBT, hablo mucho de esta cita y de sus límites, y sobre todo, cuestiono realmente la utilidad del concepto de salud sexual como se usa en la mayoría del día a día de las personas, se dediquen o no la salud sexual de manera profesional.

Podríamos empezar diciendo que la definición de salud sexual es un tanto inalcanzable, ya que si la salud incluye esos tres aspectos (físico/mental/social) es muy probable que solo la alcancen en su plenitud, de una manera integral, un porcentaje bastante bajo de la población. Un porcentaje además que, para nada sorprendente, probablemente venga del aspecto social y económico bastante acomodado. Para empezar.

Pero bueno.

La definición recoge la idea que una salud sexual saludable, es también una sexualidad social adecuada, pero no elabora en el porqué. Es un hecho que en la promoción de la salud sexual actual, seguimos moviéndonos en un modelo de prevención de emergencia, muy centrado en el contagio y prevención de ITGs y embarazos no deseados, pero que se ha perdido, o al menos se ha salido del marco referencial hegemónico, la vinculación de la sexualidad, la salud sexual y la sexología con todo el campo social y político.

Con esto no estoy diciendo que la prevención de ITGs no sea necesaria, ni que haya que dejar de promocionarla, lo que quiero decir es que los modelos de prevención de emergencia (que además suelen ser cisheterosexuales y coitocéntricos, y suelen dejar las experiencias de un montón de personas fuera de ellos) se quedan cortos y no son útiles en un sentido de transformación social y política, sino tenemos en cuenta el contexto en el que estamos, las bases en las que está sostenida nuestra salud integral, no sólo la sexual.

Si, efectivamente, lo que no nombramos no existe, entonces seguimos moviéndonos en un modelo de salud sexual qué está sostenido sobre unas “patas” que lo configuran como es, pero que permanecen invisibles al centrarnos en la salud sexual desde un punto de vista biologicista, patológico o conductual.

Para poder generar un debate y un diálogo enriquecedor sobre la salud, la salud sexual y qué tipo de promoción de la misma queremos sostener, tenemos que ahondar y profundizar en cómo el contexto social, político y cultural está influenciando los modelos de salud, los modelos de sexualidad y por tanto los modelos de promoción que se realizan.

La salud, como sistema no como concepto abstracto, se sostiene en sus propias dinámicas de poder y de saber, es patriarcal, es cisheterosexual y por supuesto está imbuida, y lamentablemente cada vez más, en dinámicas del mercado y del capital. Por tanto, la salud, tiene mucho que ver con el poder, con el contexto social y con la política.

Esto pone sobre la mesa no sólo los límites del concepto de la salud sexual, sino aquellos aspectos de los que no se habla, o sólo se habla como “anexos”, como elementos que afectan de manera colateral a la salud sexual. La articulación es un elemento clave para poder difuminar los límites del concepto de salud sexual con el que trabajámos constantemente. Entender que no está el plano biológico de la salud, sostenido por encima de los demás planos, que de manera auxiliar pueden, o no, afectarle.

La articulación trabaja con la idea de cómo todos esos aspectos: el social, el biológico, el psicológico (y aquí me vais a dejar que me ponga un poco antropóloga para añadir) y el cultural, funcionan en el mismo plano, y se influyen y se afectan los unos con los otros de la misma manera, sin hacer jerarquías de saberes.

Por tanto, mi llamamiento este día europeo de la salud sexual, es que generemos entre todas ese saber articulado, esa salud sexual poliédrica que toca tantos aspectos de la vida de las personas. Y sobre todo, que recuperemos la salud sexual y la salud desde sus aspectos sociopolíticos, que forme parte de las agendas de la transformación social y política como un aspecto fundamental más.

La posición socioeconómica, la identidad de género, la orientación del deseo, la raza, tener algún tipo de diversidad física o mental, ser refugiada o migrante, afectan de manera indiscutible la salud de las personas, y con salud me refiero también a la accesibilidad, al cuidado en salud y a la calidad de la atención; y por tanto, afectan a su salud sexual.

Si no tenemos en cuenta esto, sino tenemos en cuenta el capitalismo como sistema económico y social influye los procesos de salud, sino entendemos como el género y la sexualidad son condicionantes de salud, sino entendemos que la sociedad racista y capacitista en la que vivimos evidentemente condicionan la salud de las personas, entonces jamás llegaremos a generar un saber sobre la salud sexual que sea realmente transformativo.

La salud sexual es solo un aspecto más de la salud integral de una persona, pero es un aspecto fundamental. Y la salud sexual y su promoción no puede, ni debe, quedarse en la prevención de emergencia sin más. Debe hablar de la construcción de la sexualidad, de la cisheterosexualidad y el género como determinantes de salud, de los modelos sexuales cisheterosexuales y masculinos (cis) imperantes. Debe hablar del cuerpo y de su control por parte de las lógicas capitalistas, debe hablar del placer, y sobre todo, debe hablar de todo esto con la premisa que si son construcciones sociales y políticas sostenidas en el tiempo, entonces deben cambiar, y lo harán, con un enfoque de la salud sexual correcto.

En definitiva, la salud sexual tiene que tener una perspectiva social y política, sino no es útil, y va a responder a las lógicas de unas pocas personas. La salud sexual no debe mencionar o pasar por alto estos aspectos, debe hacerlos partes integrantes del mismo, y trabajar en una concepción de la salud, el cuidado y la atención que los recoja como partes constituyentes de la misma.

Y la sexología y las profesionales dedicadas a la salud sexual, tenemos que estar comprometidas con la realidad sociopolítica, y debemos entender nuestras profesiones y nuestro saber dentro de esas lógicas. La salud sexual y la libertad sexual tienen que estar contemplados dentro de la transformación social y del compromiso político. Tenemos, y debemos, recuperar ese saber sexológico primigenio (el cual la mayoría perdimos en fuegos), en el que era incomprensible hablar de sexualidad, y de salud sexual, desvinculadas de la sociedad y de la política.

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