elucubraciones de autonomía sexual

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“la libertad empieza en el vientre”
“huelga de úteros”
“bendito mi vientre en el que mi raza muere”

todas estas frases eran máximas del feminismo radical de los 70 (el de verdad, no la idea retorcida y transmisógina que tienen ahora las terfs del feminismo radical). para mi, a 2021, siguen siendo máximas a defender, ya que además al hablar de genitales y partes del cuerpo, se convierten en frases perfectas para que sean transinclusivas.

la libertad empieza en el vientre, independientemente del cuerpo al que pertenezca ese vientre.
huelga de úteros, de todos, de úteros de mujer, de hombre, de personas no binarias.
bendito sea el vientre, perteneciente a cualquier corporalidad o identidad de género, porque es allí donde las razas mueren.

el feminismo radical era altamente antinatalista, comprendía que la maternidad, la gestación y todo lo asociado a ella era sólo otra opresión más a las que se enfrentaban las mujeres.

no todas las visiones antinatalistas han sido visiones beneficiosas no solo para las mujeres u otros cuerpos gestantes, sino en general, para las poblaciones pobres, minoritarias y más desfavorecidas. ciertas visiones del antinatalismo han llevado a controles de la natalidad que siempre acaban afectando más a las personas pobres que a las adineradas, y ha llevado también a atrocidades como las esterilizaciones masivas a mujeres y población indígenas, como es el caso de perú o méxico.

ahora mismo, como prácticamente cualquier cosa a la que el neoliberalismo y el capitalismo puede ponerle las manos encima, el movimiento antinatalista se ha diluido hasta convertirse en el movimiento child-free (libre de niñes), conviertiendo en una decisión individual (aunque con impacto global, ya que parte del movimiento child-free se basa en la idea que no tener hijes, por ejemplo, ayuda a la sostenibilidad y a que la tierra no se vaya al carajo), sobre como vivir “libre” sin niñes.

la reciente polémica desatada por la protesta de marta vigara, ha abierto una ventana que para muchas ha estado mucho tiempo cerrada, pero para otras, ni si quiera era una ventana que se habría podido abrir nunca.

de un tiempo a esta parte, las ideas antinatalistas que permeaban mucho del movimiento feminista, fueron sustituidas por la idea de la maternidad subversiva, con todo lo problemático que este concepto puede llegar a ser. ¿es toda maternidad subversiva? ¿qué convierte una maternidad subversiva en otra que no?

hace un tiempo, leía un tuit que decía que necesitábamos un feminismo que no esencialice la maternidad, a lo que yo escribí: “a mi lo que me flipa es que ahora “necesitemos” un feminismo que no esencialice la maternidad cuando uno de los pilares de parte del feminismo era la antinatalidad. en algún momento la antinatalidad se vio como un discurso radical que había que rechazar y sinceramente me parece un error me parece que forma parte de cómo se ha ido diluyendo poco a poco unas visiones más radicales, políticas y anticapitalistas del feminismo y la lucha lgbt.” (1,2)

pero, ojo, como todo, no todas las visiones antinatalistas valen. leyendome “abortos felices” de elisabeth falomir archamabault, se pregunta: “¿cuántos son demasiados abortos? ¿cuántos abortos caben en tu feminismo?”, a lo que yo he anotado abajo con un boli verde menta muy guay: feminismo antinatalista de clase, neomalthusianismo.

las ideas neomalthusianas, que podríamos interpretar como una lectura de clase de las ideas del malthusianismo, cobraron especial importancia a principios del siglo XX, particularmente dentro de ciertas visiones de la sexología vinculadas al movimiento anarquista. entre otras cosas, alegaban la emancipación total de la iglesia y del estado en materia de sexualidad, la autodeterminación sexual, el derecho de las personas gestantes sobre su cuerpo y su embarazo, la separación radical de placer y reproducción, y el rechazo de las políticas promovidas por el estado/iglesia (en su gran mayoría, malthusianas, restrictivas y bastante dañinas para las mujeres y particularmente las personas pobres).

doy toda esta chapa para que, esta terrible polémica que al final no es sólo una vuelta de tuerca al control estatal y biomédico del cuerpo de las mujeres y otros cuerpos, requiere que también, quizá, tengamos que poner sobre la mesa el antinatalismo como una de las máximas del feminismo. pero el de verdad, que no sea un “es que yo soy hijes free”, como si eliges una coca-cola light.

para mi, la idea del feminismo antinatalisa, de un antinatalismo de clase, o de al menos tener presente estos conceptos es simplemente reiterar algo que no se nos puede olvidar nunca: en el momento en el que dejamos de colectivizarnos, de pensar políticamente y de hiperindividualizar todo, estamos perdidas.

las decisiones sobre los cuerpos gestantes, no son ni decisiones privadas ni sobre todo decisiones médicas (algo que de manera muy elocuente elabora elisabeth falomir en su fanzine), sino que son decisiones de vida, y son decisiones políticas. volver a recuperar las máximas del antinatalismo no es reducir todo a “que las mujeres, o las personas que puedan gestar, no tengan hijos, que se pare la máquina”, es mucho más.

es una visión amplia de qué significa la maternidad en el marco de una sociedad capitalista y cisheteronormativa, cómo la maternidad también es un refuerzo de una feminidad tradicional y cisexista, cómo al final las decisiones sobre las interrupciones de embarazo son algo que no podemos discutir y hablar de ello con libertad, o con alegría como propone elisabeth, porque al final tambalean una máxima de la que quizá nos cuesta desprendernos: oh, bendita tu eres que puedes procrear, ¿cómo pones fin a ese don que te ha dado la vida?

qué implica tener un cuerpo gestante, a que te ves subyugade por tenerlo, qué conversaciones se pueden tener, cuales no. qué podemos hacer, qué no podemos hacer, en qué silencios nos movemos.

que podamos mantener estas conversaciones, que podamos colectivizarlas, que podamos charlar sobre ellas. que pensemos porqué en el año 2021 hay aún médicos que se pueden negar a provocar una IVE, igual que se pueden negar a practicar una ligadura de trompas, porque en última instancia, están sobreponiendo tu capacidad de gestar, de generar vida, a tu autonomía sexual.

no podemos recuperar el antinatalismo tal y como nació, porque han pasado 50 años, o más, desde que se gestaron sus ideas. pero si podemos recuperar aquellos elementos del antinatalismo que nos lleven a practicar una idea radical de la sexualidad.

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